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lunes, 19 de enero de 2015

Hola de nuevo. En casa convivimos con la enfermedad de Addison, ¡Y hacemos vida normal!

Llevo días pensando y repensando mi vuelta al mundo blogueril. No he estado parada durante todo este tiempo, solo que circunstancias personales y familiares me han mantenido al margen. Espero no volver a tener un parón como este.

En todo este tiempo, destacar algo muy, muy positivo, aunque el camino no fue para nada fácil.

Como ya sabréis, tengo dos perritas, Pumuky (Pumu) y Botas. Pumu tiene ocho años y Botas, tres. Desde hace poco más de un año Pumu no era la misma. Se le retiró el celo y anímicamente siempre estaba alicaída. Una respuesta fácil para mi fue pensar que tenía una menopáusica difícil en casa.



Ella siempre había sido muy juguetona, muy inocente, no sé, una cachorra grande.

Pero ya no era ella y era muy muy raro.

A finales de Agosto tuvo problemas de oídos, una otitis. Acto seguido, problemas de estreñimiento y a partir de ahí, caída en picado dado que todo lo que comía lo vomitaba; Se le puso el pelo muy gris, le olía fatal el aliento, las encías muy blancas y fue perdiendo movilidad en las patas...

Desesperante. Una auténtica odisea. Su veterinaria, o nuestra veterinaria de toda la vida la iba tratando de todo lo que iba surgiendo pero no teníamos nada claro. Perdió muchísimo peso, perdió temperatura... Y Pumu se nos iba. Había días que salía del trabajo comentándole a los compañeros que no sabía qué me iba a encontrar en casa cuando llegara. Juan y yo nos turnábamos para ir a casa en las horas de desayuno para ver cómo evolucionaba o simple y sinceramente para comprobar si aun seguía viva. Visitábamos a la veterinaria todos los días para que le extrajera de forma manual las heces y lo que había recuperado por el día, se perdía después de estas sesiones. Se quedaba traspuesta la pobre.

Yo no daba más de mi. Dormía con ella y cuando hacía un ruido raro o se movía, Botas era la primera que se acercaba... Bendita naturaleza. Llegué a pensar que se quería dejar ir. Me mataba la situación. Que si podía ser depresión, que si tal, que si cual...

Juan, a la desesperada, fue a otro veterinario para pedir una segunda opinión. Éste le puso suero y le sacó sangre para hacerle una analítica. Es verdad que cuando la trajo a casa de la visita yo la vi mejor, pero al día siguiente, otra vez había empeorado. Juan la volvió a llevar a ese veterinario y en vista de que no había forma de que nadie, por arte de magia, dijera: Pumu tiene tal y tiene solución... Tomamos la decisión de llevarla a un hospital canino que hay en Granada capital.

Llegamos, Juan la tenía en brazos, y mientras yo daba los datos, se hizo caquita. ¿Caquita en brazos? ¿Y esa forma de babear?... No iba nada bien la cosa...

Nos pasaron a la sala de espera y... Pumu entró en parada...

La consiguieron reanimar, nos permitieron verla, y menuda impresión verla entubada... Me acerqué, la acaricié, y le dije que se iba a poner bien. Según Juan, hizo por mover el rabo... De verdad, hay cosas que no tienen precio.

Nos dijeron que según estadísticas solo se consigue reanimar a un 50% de perros y que de ese 50% solo el 5% consigue salir adelante... Nada alentador. Pero merecía la pena y mucho intentarlo todo.

Si ella ha cuidado de nosotros durante ocho años nosotros lo mínimo que podíamos hacer es poner todos los medios a nuestro alcance para cuidarla a ella. Ahora nos tocaba a nosotros.

Nos dijeron que, si "pasaba algo", nos llamarían a primera hora de la mañana. Menuda noche pasamos. Y dieron las ocho, las nueve, las nueve y media... Y llegó la hora de visita. Y además, era mi cumpleaños... Tuve el mejor regalo que nadie me ha hecho jamás, Pumu, no solo seguía vivita y coleando sino que se ponía en pie, se mantenía en pie y caminaba casi sin dificultad.

Imaginaros la alegría. Al día siguiente, que era viernes, nos dijeron que podíamos llevárnosla pero que todo apuntaba a que tenía la enfermedad de Addison. Nos aconsejaron que lo mejor era que pasara el fin de semana en la clínica porque estaba estabilizada y allí la mantendrían así, y que el lunes (que era cuando había laboratorio) le extraerían sangre y enviarían la muestra a Barcelona que era donde se hacían ese tipo de pruebas. Nos arriesgábamos a traerla a casa y que los niveles se desestabilizaran y diera un falso negativo. Así que pensamos: Que pase el fin de semana en el balneario. El lunes la recogimos y el martes nos confirmaron que si que padecía la enfermedad de Addison.

A ella las glándulas que segregan las hormonas mineralocorticoides (minerales) y glucocorticoides (glucosa) le fallan. Los minerales son los que hacen que los músculos funcionen y el corazón es un músculo. Por eso la parada, por eso la falta de movilidad.

Todo lo demás ha ido rodado. Hemos dado con la dosis justa que necesita de medicación y una analítica puntual de vez en cuando. Fuimos a varias consultas hasta dar con su dosis y a partir de ahí, al mes. Como salió genial, ahora debemos ir a los tres meses, que será a finales de febrero. Eso sí, hay que regularle la glucosa en situaciones de estrés como sería, hacer un viaje largo en coche, por ejemplo, una ruta larga caminando (de muchas horas), cohetes...

Necesita medicación mañana y noche y la de apoyo que he comentado antes. Pero por lo demás, es Pumu, la misma Pumu de hace un año y hacia atrás. Juguetona, curiosona, nerviosa... El brillo en los ojos, el color de pelo...

Y con esto quiero dar las gracias, cómo no a Pumu, por elegir luchar para quedarse con nosotros, por ser mi mejor regalo. A Juan por su iniciativa, tesón y apoyo (Menudos malos ratos te damos las mujeres de casa). A Toñi, nuestra veterinaria de siempre, por intentar todo lo que estaba a su alcance y más allá; A Rafa, el veterinario de la segunda opinión médica y cómo no, a todo el personal del Hospital Veterinario Sur. Gracias a Raquel, Jose y Jose "Junior" porque siempre están ahí. SIEMPRE. A Toñi, porque cada vez que viene a casa sé que son como si fuesen suyas.

Y gracias a la vida. Por ir ayudándonos durante ese tiempo haciendo que muchas situaciones se alinearan como los planetas para facilitarnos las cosas. Porque no lo creeréis pero fueron muchas las coincidencias que se dieron y todas a favor de ayudarla.

Gracias a mi hermana y a mi cuñado por el pedazo de jarra de tila que nos prepararon. Y cómo no, a mi madre y a Nati por las sopitas y guisos tan buenos que le prepararon para que se recuperara rápido.

GRACIAS.

El día que salió de la clínica

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